¿Qué hacen los galleros durante una noche de pelea de gallos?

 

Entre el público reunido en las graderías ubicadas frente al redondel de la gallera de Justo Reyes, en Diriomo, se escucha un bullicio de “¡cojo, cojo!” y “¡pongo, pongo!” Mientras, desde un altoparlante un animador emula al cantante de rancheras mexicanas Vicente Fernández, invitando a los galleros a comenzar la pelea con la famosa cantaleta del corrido La muerte de un gallero: “¡Hagan apuestas señores, que un hombre va a desafiar! ¡Hagan apuestas ahora, que las puertas se van a cerrar!”, repite.

Abajo, en el campo de combate, los galleros ya presentan su giro, y el público se exalta.

El juez revisa los gallos, ajusta 15 minutos en el reloj, limpia las navajas colocadas en la pata izquierda de cada animal y anuncia que va la pelea. La casa amarra las jugadas y cierra tras el campanazo, aunque todavía varios pactan sus propias maceadas. Empieza la pelea, saltan los gallos uno sobre otro. Van los navajazos, salpica la sangre. La gente grita.

Este el ambiente y rutina alrededor de un redondel activo. Donde cada gallero echa su mejor gallo de pelea contra un digno contrincante en uno de los juegos de azar más populosos de Nicaragua que, como todo, tiene sus críticos y devotos.

Pero más allá de esa discusión, existe todo un mundo alrededor de esta actividad a la cual muchos dedican su tiempo y dinero con la crianza de gallos de pelea, la organización de los combates y todo un sistema de apuestas que van desde 100 ó 50 mil córdobas, hasta bienes como la casa y el carro, la vida misma o la mujer.



EN UN PALENQUE

Entré a una gallera por primera vez en mi vida, con la certeza de que asistía a una actividad sangrienta, repleta de hombres que histéricos le gritan a su gallo preferido durante una pelea, creyendo que el ave puede entenderles.

Eran las 9:00 de la noche y la jugada llevaba ya seis horas, pero según me explicaron a los pocos minutos, aquello apenas arrancaba, porque este “deporte” es tan bueno, que la gente siempre amanece.

“Las peleas de gallos son algo divertido, que entretiene a la gente y algunos con suerte pueden multiplicar su dinero, pero lo mejor es que te entretiene porque cuando tu gallo favorito va ganando, gritás de emoción o si va perdiendo le gritás para que se anime”, asegura don Justo.

De estas emociones sabe bien el doctor Lázaro Milián, un cirujano cubano que llegó a Nicaragua hace 12 años, pero se quedó aquí por dos razones: se enamoró y casó con una granadina, y encontró en esta gallera un espacio para jugar gallos, actividad que le apasiona, pero que en su isla natal ha sido prohibida junto a otros juegos de azar por la dictadura de Fidel Castro.

“Tengo 70 gallos de pelea y creo que las peleas de estos animales son un entretenimiento sano. Hay vicios como en todo deporte o juego y también sangre, pero en la profesión que ejerzo he visto cosas peores”, asegura.



JUEGO MILLONARIO

En Nicaragua, las peleas de gallos se realizan durante todo el año en diferentes pueblos o ciudades.

Según los expertos, las mejores jugadas están en Estelí, Diriomo y Nindirí, pues en ellas apuestan destacados galleros y se sueltan los mejores gallos.

En una buena gallera, durante una sola pelea pueden apostarse hasta 50 mil córdobas entre un par de jugadores. Al final de una buena jornada con un promedio de 60 a 70 peleas, pueden haberse jugado más de un millón de córdobas entre las apuestas formales y las maceadas frente al redondel, que son las más numerosas.



CRIADOS PARA MATAR

Según los expertos, un buen gallo de pelea está listo a los 12 meses de edad y puede pelear durante dos años. El ave debe ser bien alimentada y antes de cada combate hay que entrenarlo con dos meses de anticipación. Normalmente, en cada encuentro un gallo mata al otro y el vencedor sanará sus heridas en uno o dos meses. Pero a veces, las cuchilladas de su contrincante son tan profundas que el campeón también muere. “Cuando tu gallo muere, claro que te da lástima, pero después te recuperás, porque el gallo es criado para matar o morir”, asegura Carlos Iván Castillo, doctor, soldador y gallero.



CRÍA 1,500 GALLOS

Para Pepe Matus, un chontaleño que cuenta entre sus pasiones la crianza de un mil 500 gallos de pelea, “las peleas de gallos no son una actividad sangrienta, sino una actividad de entretenimiento donde las apuestas son espontáneas porque como echás un reloj, echás un carro o 100 mil córdobas de una sola vez, según la emoción y la confianza en tu gallo”.

La suerte de cada gallero o fanático depende sólo de los gallos, y mientras crece en el país el número de opositores para esta actividad, también crece el número de aficionados que frente a la sangre fresca derramada en el redondel se suman al “cojo y pongo” que caracterizan a este juego de azar.



GALLERO APASIONADO

Justo Reyes, de 76 años de edad, fundó su propia gallera en Diriomo hace 16 años y celebró su primera jugada de gallos el 2 de febrero en honor a la patrona popular de este pueblo, Nuestra Señora de Candelaria.

Desde entonces, esta fecha de celebración religiosa también se ha convertido en una excusa para que por única vez en el año se den cita en este palenque centenares de galleros nacionales e internacionales.

Don Justo inició su pasión por los gallos desde que tenía 15 años "cuando andaba en el patio o la calle echando a pelear a los pollitos", recuerda.

El evento lo monta con la ayuda de sus hijos y nueras y le mantiene alegre y satisfecho, porque asegura que los gallos son su vida. En el propio patio de su casa don Justo tiene al menos cien gallos de raza que cría para peleas en cualquier parte del país.

 

 

 

 

 

 

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