Los galpones avicolas y el aislamiento radiante

Autor: Ing. Sergio A. Gutiérrez Arias, Gerente General, Dismatec Técnica S.A. Costa Rica

Tomando en consideración el gran auge que experimenta  en estos momentos,  la industria  avícola en general en nuestro país,  y conocedores de que en este tipo de industria  la problemática  del  manejo del calor,  junto con otros pocos factores, son quizá,  los más importantes y constantes  temas a considerar   en  este breve  y  continuo proceso  de engorde de aves ,  es que he creido conveniente investigar y mencionar algunos aspectos asociados al tema.

Los pollos, como todas las aves,  son animales “homeotermos”,  o sea animales que poseen la capacidad de mantener o regular su temperatura corporal,  dentro de cierto rango  y de manera automática,   a pesar de las variaciones de la  temperatura ambiente circundante;  esto a partir del consumo de energía química procedente de los alimentos que consumen y metabolizan.   Gracias a este mecanismo termoregulador  o de autoabastecimiento de calor, estos animales pueden sobrevivir  en condiciones con temperaturas muy adversas,  asegurandose  de mantener una temperatura corporal muy  cercana a los 41º C  ( la temperatura de comfort varía según su edad),   que permite  cambios que pueden llegar, con consecuencias fatales en algunos casos documentados,  no más alla de los  47ºC, y que incluso en presencia de estímulos  adicionales estresantes, sean estos conductuales y/o físicos,  hasta los 45ºC. 

Estando claro que las aves  no son capaces de transpirar como los humanos,  estas usan partes  y  funciones del cuerpo,  para reducir su temperatura corporal,  como las piernas,  alas y a través de la respiración,  básicamente  de dos formas distintas:

1.- Eliminación del calor por convección.

Las aves son refrigeradas principalmente por el aire que circula alrededor de ellas, retirando el calor corporal y transfiriendolo al ambiente,  bajando su actividad,  echándose, aflojando sus plumas  y  elevando sus alas,  exponiendo la mayor parte posible de piel de su cuerpo,  de forma que exista mayor superficie de contacto con el aire circundante y así eliminar más calor.

2.- Eliminación del calor por jadeo.

Esto es fundamentalmente a través de la respiración, razón por la cuál en presencia de calor, se les puede ver boqueando, ya que aumentan la refrigeración evaporativa al pasar flujo de aire a través de los tejidos húmedos de sus pulmones y canales respiratorios.

Como consecuencia de estas verdades, entre otras poderosas razones adicionales, es que las edificaciones o galpones para estos animales, llamados “Galpones Avícolas de Ambiente Controlado”,  hoy en día se construyen cada  vez mejor,  incorporando en su construcción, aislamientos radiantes, cortinas, equipamientos,  sistemas de ventilación  y/o  enfriamiento etc.,  que permiten, en algunos casos de forma  automatizada y mediante una computadora,  establecer procesos de respuesta mecánicos con parámetros previamente definidos, que permitan el manejo a voluntad de aspectos como tempertura y humedad, entre otros, eliminando así del todo el “stress calorico” que estas aves sufren y facilitando el confinamiento permanente de las aves en un ambiente totalmente controlado; lo que a la postre finalmente resulta en un mejoramiento consecuente de la conversión final,  producto de una ganancia de peso más acelerada y  de la permanencia de mayor densidad de aves por metro cuadrado.


Granja Isol - Corporación Pipasa – Barranca San Ramón

Dichas instalaciones,  se aseguran de garantizar un ambiente interior estable y regular 24 horas al día, siete días de la semana, mediante el control de 4 aspectos básicos y fundamentales,  ligados al ciclo de vida de estas aves, (que en aves de engorde es de alrededor de 37 a 41 días),  y  que son: 

1.-  La remoción  de gases tóxicos (anhídrido carbónico y amoniáco,  principalmente),  generados por las aves ,  en sus contínuos procesos de respiración y digestión,  así como producto de procesos químicos que se operan en el interior.
                  
2.- La  renovación  del oxígeno  interior,   introduciendo  periódicamente aire fresco que repone el oxígeno que las aves consumen, y que se realiza mediante la aplicación de extractores y ventiladores mecánicos, que  generan flujos de aire  con velocidades de alrededor de 2 m/seg, los cuales remueven y sustituyen  la masa de aire interior del galpón, en aproximadamente un minuto,  entre otras funciones.

3.-  La temperatura  del ambiente interior,  mediante sistemas de riego  (fooging)  que lanzan gotas de agua al ambiente que se evaporan  antes de tocar el suelo,  o mediante  refrigeración del ambiente (cooling)  a través del uso de paneles evaporativos (sistema  que por cierto muy eficaz, siempre y cuando el galpón este bién aislado y sellado),  que enfrian el  ambiente interior.
                  
4.-  La Humedad relativa interna,  que generalmente se ubica en un rango del 50%  al 70 %,  evitándose los excesos de humedad  que mojan “la cama”   facilitando y promoviendo la liberación de gases de amoniaco, entre otros procesos, y que se controla también mediante los mecanismos de ventilación.

En referencia a lo anterior,  un  buen sistema de ambiente controlado,  en manos de gente experta en el cuidado de la aves y en cualquiera de sus versiones,  debe garantizar como meta esencial, el manejo del calor de forma eficiente y oportuna,  uniformando  la temperatura interior en todos los puntos de la edificación, de extremo a extremo, sobre todos si consideramos que las dimensiones  promedio de estas edificaciones,  oscila en 120- 150 metros de longitud,  por alrededor de 12 - 15 metros de ancho.   Así que,  con áreas de cubierta que oscilan entre  1440  y 2250 m2 por galpón, es indispensable relacionar  que;  un enorme porcentaje del calor interior, es calor radiante ; calor que ingresa sin ninguna oposición por la cubierta del techo de la edificación  (Investigadores de la Universidad estatal de Pennsylvania demuestran que un 75% del calor que ingresa por la cubierta  de cualquier edificación, es  calor radiante).  

Conocedores de esta verdad,  es que la respuesta ante esta situación,  se realiza en estas edificaciones  a través del  uso y  aplicación de materiales aislantes en los techos, que deben conceptuar y considerar en su proceso de selección,  sin lugar a dudas,  especial cuidado de que  los materiales a utilizarse, se encuentren constituidos y diseñados tecnológicamente  para manejar de forma eficiente esta situación,  a partir de  la  forma de transmisión del calor radiante, evitando así problemas colaterales.                                                                                                                                                         

Cabe ampliar que, el calor radiante es la principal fuente del flujo calórico,

es virtualmente energía pura bajo la forma de ondas infrarrojas;  se desplaza a la velocidad de la luz, aún a través del vacío,  y es tanto transmitido a través de cualquier material con el que hace contacto, como absorbido o reflejado por ese  mismo material.  Materiales ordinarios y típicos de construcción, utilizados  para  aislar internamente los galpones,  tales como, sacos, gangoche, yute, etc..  poseen un alto indice de emisividad (hasta un 90%) y un bajo índice de reflexión ante el calor radiante (que en la mayoría de los casos no supera el 10%.), es aquí donde la naturaleza del aislamiento a colocarse bajo la cubierta, debe garantizar la  precensia de materiales  reflectivos en su constitución, que  garanticen altos índices de  rendimiento, y que no promuevan la anidación o proliferación de ácaros u otros insectos., así como problemas de higiene.

Copyright © Gallos Pedraglio 2006