LA REBELIÓN DE LOS GALLEROS
Artículo publicado el día 9 de Julio de 2006 por el matutino La voz de interior (Córoba Argentina)
Por Sergio Carreras



La novela más vendida en el mundo en los últimos años cuenta la historia de una orden secreta que durante siglos inclementes fue la encargada de mantener un secreto religioso. Sin ánimo de provocar un cisma en el cristianismo –peligro que acompaña a la logia de la novela–, en Argentina existe una cofradía que también se mantuvo escondida durante siglos, sobreviviendo en los rincones alejados de luz pública y obligada a persistir en la clandestinidad.
Se trata de una sociedad secreta que, pese a persecuciones y prohibiciones legales, perseveró en una afición que algunos consideran cruel, pero que ellos frecuentan con orgullo, hasta el punto de haberla convertido en el centro de sus vidas. Viven por ella, recorren el país por ella y algunos hasta se sienten poetas bajo los efectos de esta misma pasión:
Señores, yo soy gallero gallero de profesión y la llevo en la sangre a esta vieja tradición.

También bajaron de los barcos

Argentina tiene galleros desde cuando este territorio aún no se llamaba Argentina. La riña de gallos fue una práctica que llegó con los colonizadores españoles y se expandió sin límites, cautivando a próceres, caudillos, religiosos y virreyes.
En 1861, el país se dio su primer reglamento para riñas de gallo, aprobado por el jefe de Policía de Buenos Aires, don Rafael Trelles. Para entonces, el primer reñidero oficial, con asientos numerados, llevaba años funcionando en la ciudad portuaria.
Los gallos de riña fueron considerados presentes de enorme categoría y presidentes como Bartolomé Mitre y Juan Domingo Perón regalaron ejemplares de raza a mandatarios extranjeros que visitaron el país.
A partir de 1954, las riñas pasaron a ser ilegales con la aprobación de la ley nacional 14.346, que buscó evitar maltratos y actos crueles sobre todo tipo de animales. En su artículo 3 señala que “serán considerados actos de crueldad... realizar actos públicos o privados de riñas de animales”. Previamente, en 1891, se había aprobado la famosa “ley Sarmiento” 2.786, que prohibió los maltratos a los animales de modo genérico, sin mencionar las riñas de gallos. Igualmente las peleas galleras siguieron en aumento hasta la actualidad.
Hoy se estima que Argentina tiene 10 mil criadores de gallos de riña. Desde 1996 posee un torneo nacional de peleas, con una organización aceitada que convoca cada año a unas 100 mil personas y en el que vienen a participar galleros de otros países. Este torneo sería la “Primera A” de los galleros, que además tienen, cada fin de semana, numerosos torneos de menor categoría en los cuales participar.
La actividad es dominada por los aficionados provenientes de zonas rurales. La más fuerte plaza riñera es el norte del país y tiene sus centros principales en Salta, Tucumán y Santiago del Estero. Pese a la prohibición legal, el torneo que se realiza cada año en Termas de Río Hondo es auspiciado por las autoridades turísticas de la ciudad santiagueña, va televisado y tiene por escenario el polideportivo municipal.
En el resto de las ciudades donde tiene fecha el campeonato nacional, como La Banda (Santiago del Estero), Chajarí (Entre Ríos), Bella Vista (Corrientes), Alberdi (Tucumán), La Rioja y Salta, las riñas son aguardadas por hoteleros, veterinarias y autoridades municipales, que las consideran un atractivo para el lugar y una fuente importante de ingresos.

Un clásico nacional

Uno de los torneos de mayor convocatoria, antigüedad y renombre tiene lugar en el oeste cordobés, en la ciudad de Villa Dolores, donde las peleas de gallos –afirman sus cultores– tienen un siglo y medio de historia.
Esta competencia es organizada desde hace 38 años por el Assil Club de Villa Dolores y convoca a los 400 mejores gallos del país, durante dos días de competencia, en un salón con cinco bretes para riñas, alfombrados, equipados con balanzas e instalaciones sanitarias y rodeados por tribunas con capacidad para más de 500 personas.
El torneo villadolorense tiene empresarios que lo auspician cada año, hoteles que se disputan el alojamiento de los visitantes y se promociona con páginas enteras en Tradición Gallera, la principal revista argentina de la actividad.
Además de galleros y aficionados, que concurren con toda su familia, la competencia clandestina atrae a autoridades políticas, policiales y judiciales, tal como ocurre con las que se efectúan en otras provincias.
El intendente de Villa Dolores, Héctor Zani (UPC), expresó en estos días a medios de esa ciudad su “total acuerdo” para usar los reñideros como promoción del valle de Traslasierra. Dijo que, tal como sucede con el turf, el rally y el motocross, los gallos “de muy buen nivel” que hay en la zona deben ser un motivo más para que se conozca la ciudad y señaló que la actividad aporta a Villa Dolores más ingresos que el Rally Mundial.

El legislador provincial oriundo de Villa Dolores, Luis Jacobo Trad (UPC), está puliendo los detalles de un proyecto para que las peleas de gallos dejen de ser perseguidas en Córdoba, y queden habilitadas como ya ocurre en otras provincias.
–Trad, ¿cómo haría Córdoba para aprobar una actividad que está prohibida por una ley nacional?
–Las provincias no han cedido a la Nación su facultad en este tema. Se trata, además, de una realidad inocultable que merece que, por lo menos, la discutamos.
Trad es hermano de Benjamín, el primer cordobés cuyos ejemplares lo consagraron campeón en el torneo nacional de riñas en 2001. La fama del campeón entre los galleros transerranos es equiparable a la de un David Nalbandian en la zona de las Sierras Chicas.
El miércoles pasado, Luis Trad y otros seis legisladores peronistas recibieron en la Legislatura de Córdoba a una delegación de medio centenar de galleros, quienes plantearon su intención de que la Provincia regule las riñas y establezca las medidas sanitarias y los controles que sean necesarios para evitar el maltrato de los gallos. Otras iniciativas similares están siendo motorizadas en provincias como Corrientes y San Luis.

Capital gallera

En Villa Dolores, la capital provincial de los riñeros, muchas de las jaulas donde se prepara a los futuros campeones argentinos de la riña están en pleno centro de la ciudad. En la semana que pasó pudimos ingresar a dos importantes galleras, ambas ubicadas a poca distancia de la plaza principal, con un número importante de ejemplares y con sus correspondientes cuidadores.

Estos son los lugares donde los gallos son criados, entrenados y cuidados con un celo extremo para que alcancen el mejor desarrollo posible antes de la riña.
“Este trabajo no tiene domingos y feriados; a los gallos hay que atenderlos todos los días”, nos dice Humberto, uno de los cuidadores, nieto de galleros, mientras cuelga las cazuelas con alimentos frente a cada jaula. “Los gallos de riña viven siempre en compartimientos individuales, ya que si se los deja juntos se pelean hasta matarse. Llevan eso en los genes, y si la especie sobrevive hasta hoy se debe al cuidado de los galleros”, sostiene Alfredo Soto, uno de los criadores villadolorenses.
“En la zona de Villa Dolores son muchas las familias que viven de la actividad gallera. Todos los criadores tienen empleados para el cuidado de los animales y en Córdoba no podemos quedar en situación de desigualdad con las otras provincias”, afirma Oscar Guzmán, ex presidente del Assil Club.
“Una vez que fuimos a competir en La Rioja, el personal de Gendarmería que controlaba la ruta nos escoltó hasta el lugar donde se hacía la riña”, agrega otro gallero local.
Los cuestionamientos a las riñas de gallos provienen principalmente de las sociedades protectoras de animales, que recuerdan no sólo la ley nacional que prohíbe la actividad sino que critican también las apuestas –también ilegales– que se cruzan en todas estas peleas.
Los galleros villadolorenses responden que van a acatar las disposiciones legislativas que se establezcan al respecto y que la imagen de crueldad que rodea a las riñas se debe al desconocimiento.
“Hay mucha ignorancia sobre la actividad. La gente en general no sabe que en las riñas jamás mueren los gallos, que los galleros son los primeros interesados en cuidar a su animal”, nos dice el tucumano Idelfonso Fernández, editor de Tradición Gallera.
En Argentina, las riñas duran horas, son más tácticas y no se busca la muerte del gallo rival a diferencia, por ejemplo, de lo que ocurre en países como México. Allá se emplean cuchillas en lugar de las púas de escaso filo que usan en las patas los gallos locales, y los combates, veloces, se resuelven en cuestión de minutos.
Se calcula que sólo en la provincia de Córdoba hay 10 mil criadores de gallos de riña. En la Capital funciona una veintena de reñideros, a los que concurren galleros de alto poder adquisitivo que viajan por todo el país con sus mejores ejemplares.
Los cordobeses compran gallos a los criadores brasileños y regularmente reciben visitas de compradores mejicanos, que llegan a pagar hasta dos mil pesos por un gallo vencedor. Los galleros villadolorenses no están solos: para el próximo torneo nacional esperan la llegada del mejicano Edsel Bixler, presidente de la Sociedad Mundial Protectora de Gallos de Combate, que vendrá para tratar de formar la filial argentina.

 

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