EL ESPACIO PROPIO DE LOS GALLOS
Por el Biólogo Ricardo Pedraglio Flórez.
Cada raza, línea e incluso cada individuo tiene su “Propio Espacio”. Esto significa que al igual que en los seres humanos, los gallos y las gallinas tienen un espacio de privacidad; delinean su distancia. Este, al ser trasgredido, ofende, agrede o reta al animal.
La reacción natural, como respuesta a esta agresión o invasión de su espacio privado, es un comportamiento que puede ser variable, dependiendo del individuo, tal como habíamos dicho. Esto depende del carácter del ave. De su actitud Hostil, Dominante, Sumiso o Cordial. De sus traumas o experiencias aprendidas durante su desarrollo.
Esto se verá demostrado con la respuesta o manifestación que ellos nos den. Por ejemplo, en el momento de acercarnos para agarrarlos. Las respuestas serán diferentes dependiendo de nuestro color de ropa, nuestra voz, la velocidad de acercamiento hacia ellos, si estiramos la mano para cogerlos, el mismo movimiento de nuestras manos, la altura en que se encuentren, si están en espacios cerrados o abiertos. Por estos factores y por las mismas reacciones propias del comportamiento o actitud racial (del ave), las reacciones serán diferentes. Existe un área demarcada por un “radio o diámetro” imaginario no visible, que al ser trasgredido o invadido, generaremos una reacción en el ave. Unos sentirán pavor o pánico y otros al contrario, atacarán de inmediato.
Normalmente los Bankivoides o Livianos o Mediterráneos, actúan de una manera muy peculiar, moviéndose de un lado a otro si están dentro de un casillero. No se dejaran atrapar fácilmente. Si se encuentran en un lugar abierto, lo normal es que tiendan a correr o volar. Siempre escapando del posible peligro o “agresión”. Trataran de mantener una distancia adecuada, en donde ellos se sientan más seguros, pero siempre alertas. Esta actitud se define como “ariscos” o nerviosos, son más activos, huidizos. Si algunos ejemplares son mansos, tenemos que saber acercarnos a ellos con cuidado, que no sientan ni un tipo de agresión. Cuando su carácter no permite que sean siempre mansos o fácil de manipularlos, estos se comportaran en forma hostil, agresivos y tienden a escapar. Dos situaciones contrarias. Normalmente cuando el criador tiene este tipo de gallos que pueden considerarse como “huidizos o cobardones”, suele eliminarlos del galpón. Sin saber que están eliminando con ello a los ejemplares que aportan la velocidad, rapidez, vista e inteligencia. Erradicando del criadero este importante factor. Que sin duda, no lo sentirán o no se percataran en ese momento. Puede ser que incluso no repercuta en los resultados en los coliseos hasta que en un corto plazo, se note en el resultado de la futura cría. Cuando los gallos salgan más lentos y posiblemente “parados” sin esa agilidad, juego o velocidad.
Normalmente si son veloces, tienen mayor cantidad de musculatura aeróbica y en esos casos, su tren de pelea, baja con el esfuerzo, produciendo ácido láctico, el cual los deja prácticamente fuera de pelea. Por ello es necesaria la “inteligente adición o amalgamiento” con las sangres asiáticas (que poseen mayor porcentaje de musculatura que trabaja en forma aeróbica, con oxígeno), buscar ese equilibrio perfecto de ambas clases. Muy difícil a veces de unir el factor Velocidad y acierto. Es un arte.
Es importante saber manejar a los gallos, saber establecer un vínculo con ellos y saber amansarlos y acostumbrarse a ellos y viceversa. Saber prepararlos. Se suele cometer errores como el querer establecer una regla o tren de entrenamiento en los gallos. Como si fuesen salidos de una fábrica. Los mismos ejercicios para todos, el mismo tiempo de entrenamiento y preparación, el mismo alimento y complementos o golpes vitamínicos, etc. Cuando en realidad cada animal es diferente y necesita no una “regla fija” durante su preparación, sino que necesitan ser estudiados a fondo individualmente para conocerlos y comprenderlos, conocer sus ventajas, sus limitaciones y así saber desde como agarrarlos, como entrenarlos, prepararlos y hasta como amarrarlos, que armas debe de usar y en que posición en particular “ese gallo” debe de usarla para poder matar con efectividad. Para ello hay que hacer algo que muchos no hacen. Tener registros individuales para llevar anotado el desarrollo de cada individuo en las diferentes etapas. Que aprendan a topar con diferentes estilos de pleito (diferentes gallos), que conozcan a los gallos y sus artimañas, que sepan y aprendan a tomar un giro en la pelea de acuerdo a cada situación que se le presente. Por que la única nueva experiencia que pueden tener o aprender en la cancha, es la muerte.
Cuando un gallo es manso, sin duda dejará que nos acerquemos a ellos y se dejara agarrar y cargar.
Un gallo belicoso, agresivo, dominante – hostil, que siempre ha dominado en su grupo desde su infancia, esta acostumbrado a repartir golpes a todos los individuos del escalafón que viene debajo de él. Este gallo nunca ha recibido golpe de nadie y normalmente asumiendo ese rol o papel de matón, suelen atacarnos a nosotros también. Por ello cuando van a la cancha, palenque o coliseo, en el momento de ser llevado a la arena y cuando ya se sueltan los gallos, esta más pendiente de agredirnos y no esta atento al gallo rival – que es con quien en realidad tiene que pelear-. Peor aún, puede ser sorprendido por su rival y la reacción normal del gallo es salir despavorido, no asustado o desubicado sino que le entra el pánico, terror. Esto ocurre por que este gallo siempre dio golpes a todos, dominó las situaciones de ejemplares en su entorno y NUNCA RECIBIO NI UN PICOTAZO Y MENOS PATADA DE NADIE.
En caso de los Asiáticos u Orientales o Malayóides o Asilóides, son mucho más mansos por excelencia. Esto esta escrito en los genes. Su comportamiento y reacción es controlada y es como que tuviesen más confianza en ellos mismos. El oriental saca a relucir su carácter calmo, pasivo, tranquilo. Son fáciles de manipular y de trabajar. Son animales que tienen su propio carácter manso, tranquilo y esto se ve en los coliseos. Más pausados muchas veces, toman su tiempo para oxigenarse y tienen un tren de pelea más prolongado (muchas veces). Poder en las patadas y mayor masa muscular tipo aeróbico. Por ese poder y el sentido de la patada, es que debemos saber ponerles las armas adecuadas para que sea efectivo su desempeño en la cancha. Ellos nos aportan lo que no aportan muchas veces los bankivóides. Por ello son tan importantes en nuestras crías, para buscar el equilibrio perfecto. Una combinación de cualidades que ambos aportan.
Cuando en nuestro galpón o criadero tenemos la combinación de ambas sangres (cruce de Bankivóides y malayóides), se nota en el comportamiento o psicología del ave. Duermen a media altura. No como el malayo que suele dormir en el suelo, ni como el inglés por ejemplo, que suele dormir en lo alto. Como lo hace el bankiva.
En este cruce de medias sangres, se nota un poco el conflicto de ambas sangres o clases. Tienen un carácter intermedio. Si tienen más sangre oriental, serán mas pausados o tranquilos y por lo contrario, si tienen más sangre bankivóide, serán más alertas y nerviosos.
En resumen, nunca hay que acercarse a agarrar al gallo con las manos adelante, por que ellos lo toman como una agresión, Hay que saber acercarse con tranquilidad y hablándole al gallo, que este lo conozca y se acostumbre a usted, que se amanse. De lo contrario, por nuestro propio error, los convertiremos en agresivos. Hay que ser consientes que hay ciertas razas que son agresivas por característica propia de su raza. Esto se ve claramente en los ingleses por ejemplo. Que siempre tienen esa actitud agresiva. Por ello hay que tener más paciencia con ellos.
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