DESARROLLO:
GENÉTICA Y MEDIO AMBIENTE.

(Genética para criadores, de Roy Robinson)



En primer lugar hemos de hacer una distinción entre constitución genética y
desarrollo consiguiente del individuo. La constitución genética esta
presente tras la fertilización y es consecuencia de la contribución de los
progenitores.
En el desarrollo interviene de forma activa el medio ambiente. Merece la
pena considerar cual es el significado del término medio ambiente puesto que los
genéticos lo utilizan en un sentido mucho más amplio que su acepción
corriente.

El medio ambiente puede definirse como el conjunto de influencias no
genéticas a las que se halla expuesto un individuo durante los periodos de desarrollo y crecimiento. Podemos considerar un medio ambiente de prenatal, que lo
proporciona el útero. Por ejemplo, el pequeño tamaño del canijo de la camada
puede ser consecuencia de un gen deletéreo pero también puede ser causado
por una mal posición adoptada intraútero que inhibe el normal desarrollo.
Debemos considerar también el medio ambiente post natal proporcionado por el cuidado de la madre y la lactancia. Un flujo escaso de leche determina un precario
desarrollo de los cachorros en un momento crítico y por tanto que no puedan
alcanzar un nivel óptimo de crecimiento.

Sin embargo, los factores ambientales que se consideran con mayor frecuencia
son: la alimentación, el entorno y la temperatura. La alimentación es el
factor de mayor importancia ya que de ella depende que el crecimiento sea correcto.
Una mala alimentación, puede determinar un afecto adverso sobre los cachorros y
sobre los perros jóvenes. Otro aspecto importante para el buen desarrollo de
los músculos y para que adquieran un cuerpo sano es el ejercicio adecuado y
suficiente. El frió, la humedad y una ventilación inadecuada pueden
interferir en el crecimiento y provocar enfermedades. El hacinamiento y las faltas de
cuidados pueden determinar un mal desarrollo de los animales jóvenes.

Las características menos influidas por estos factores son el color del
manto y su calidad. En el caso de los caniches negros, por ejemplo, una dieta rica
en proteínas, vegetales, determina una decoloración del manto que adquiere un
aspecto menos oscuro; por el contrario una dieta rica en proteínas animales
determinara un color negro azabache (Hollis y Whitney, 1957). Otro aspecto
que debe considerarse es que en muchos animales aparece una distribución
heterogénea del color cuando se alimentan con dietas muy pobres en proteínas. Este ejemplo es un caso especial ya que normalmente los pelos del manto no son afectados, una buena alimentación aviva el color del manto pero ellos en consecuencia de que el perro goza, en estas condiciones de excelente salud.

Un efecto bastante sutil del medio ambiente son las variaciones debidas a
accidentes o irregularidades en el desarrollo que no pueden ser atribuidas a
causas concretas. En general estas variaciones son escasas pero para
determinadas características pueden ser sustanciales, por ejemplo, la
variación en la intensidad del color amarillo o rojo en el perro este determinada
genéticamente pero puede ser parcialmente modificada como consecuencia del
desarrollo embrionario del perro. Un aspecto más importante es la variación en
la extensión del color blanco o manchado, en gran medida controlada
genéticamente, aunque la proporción es causada por la naturaleza o tipo del
desarrollo, por eso dos perros nunca son idénticos. Algunas cepas ingénitas
originadas por endogamia pueden parecer sorprendentemente iguales y se
reconocen por el tipo de distinción de sus manchas o pintas, pero es muy esporádico que dos perros píos sean totalmente iguales.

Finalmente, señalaremos la apariencia del perro es consecuencia de los
factores que se interrelacionan, la herencia genética y el medio que la rodea.
Algunos rasgos se ven solo parcialmente modificados por el medio ambiente, mientras que otros pueden ser afectados de una forma muy notoria. El desarrollo y el crecimiento son dos ejemplos de esta última posibilidad.

 

 

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