Cambios en los Tiempos!!!!
Extrañamente y por abrumadora mayoría los galleros de latinoamérica fueron coincidiendo en una de las decisiones que sin duda más ha influido en el cambio de las características del gallo que hoy se pelea en casi todos los países de centro y sur de américa. Alargar las espuelas y reducir los tiempos de combate. El argumento usado fue y es por estos días, el mismo, las riñas con espuelas cortas y demasiado extensas resultan tediosas y sin interés, perjudican el movimiento de apuestas, mucho aficionados se quedan sin pelear sus gallos, etc., etc. Nadie puede dudar que las razones expuestas son ciertas, sin embargo me inclino a pensar que dichas causas son un simple maquillaje para enmascarar las verdaderas intenciones de tales decisiones, igualar para abajo, mejorar las posibilidades del gallo inferior, aumentar el atractivo de las riñas buscando la solución facilista de usar armas mucho más agresivas y no de propiciar la mejora en la calidad del gallo. Esto viene de lejos, se ha llegado a situaciones extremas ya que en algunos países la mayoría de los combates se definen antes del minuto. Todos los galleros sabemos que las alternativas para derrotar al gallo fino, bien enrazado, es enfrentarlo con otro gallo fino y de mejor técnica o con un gallo extremadamente hábil con las espuelas. Como cualquiera de éstas opciones es muy difícil de lograr para cualquier criador, la aparente solución para emparejar la contienda fue y es la de armar a los gallos con armas que no son compatibles con ninguna raza que se riñe por esta parte del mundo. Cuando se toman estas decisiones el gran perjudicado es el gallo fino, bien cruzado, y por supuesto sus criadores, por lo general en minoría absoluta, que se verán obligados a adecuar sus animales a las nuevas reglas de juego. Si antes cruzaba y seleccionaba para peleas que se definían en tiempos razonables, donde un gallo estaba obligado a demostrar valentía, resistencia, buena pelea y todas las virtudes que adornan a un buen combatiente, ahora en cambio deberá hacerlo para riñas que duran unos pocos segundos y donde lo más importante es la velocidad y buen uso de las espuelas. Al cabo de algún tiempo el buen criador habrá logrado su objetivo y se seguirá destacando pese a todos los obstáculos que desaprensivos y mediocres pusieron en su camino. Pero ¿Qué queda de aquel gallo fino, fuerte, capaz de debatirse con ferocidad y determinación durante treinta ó cuarenta minutos? Nada o con un poco de suerte casi nada, fragilidad, escasa resistencia, extrema agresividad que se desvanece rápidamente, gran velocidad que más parece desesperación; serán salvo honrosas excepciones, el arquetipo de estos nuevos gallos, casi descartables. Y, digo descartables no en sentido peyorativo, sino porque nosotros, los galleros, quizá para disimular nuestras limitaciones, condenamos a nuestros queridos gallitos a combatir en condiciones que más se parecen a una ruleta rusa que a una justa deportiva. Es de esperar que algún día, generemos las condiciones adecuadas para que nuestros gallos puedan sacar chapa de guapos o de ordinarios, sin que el azar juegue un papel demasiado importante. Si nadie se preocupa por criar gallos de resistencia, no los “puros” de fantasía, sin ningún valor combativo, sólo aptos para atrapar incautos, sino gallos que combatan permanentemente, que el aficionado pueda verlos en el vallín demostrar sus cualidades y que más allá que puedan o no convertirse en padres exitosos, el gallero tendrá la tranquilidad de que no compró un buena foto o una atractiva historia, sino un gallo que dejó su pellejo en la arena. Si esto no sucede, si no generamos nuestras propias reservas de pulmón, fortaleza, resistencia al castigo, que nadie se sorprenda si los galleros de latinoamérica comenzamos a viajar en caravanas a la India , Pakistán, Irán, Irak (desafiando las bombas de Bush), Japón, Afganistán o cualquier país de oriente o medio oriente a buscar un poco de fortaleza para nuestros frágiles gallitos. Un sincero reconocimiento para los señores Miguel Fernandez y Carlos Rizutto por el esfuerzo por mantener inalterable la combatividad de nuestros queridos Asiles y Calcutas. Ojalá podamos ir sumándonos a tan loable esfuerzo.-
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